domingo, 28 de agosto de 2011

Floricultor

Floricultor:

Cuando por fin me libero de las actividades del mundo, soy floricultor, las flores son seres muy nobles, te exigen poco y te soportan mucho.

Las sembré en jueves, girasoles, gerveras, nubes, un sin fin de semillas con un solo objetivo, no sentir la indiferencia que tengo ante todo.

Las riego de noche para que no sepan quien lo hace, para que no se sientan comprometidas a brindarme su amistad.

Acudía en las tardes para platicar con ellas, de política, sociedad, de economía, amor, soledad, televisión un sin fin de temas.

Lamentablemente había prometido flores a las personas, por lo que tenía que cortarlas para que terminaran en un vaso con agua, un bote de basura o en la calle.

Cuando se llego el tiempo de cortarlas no pude, yo no soy más importante que ellas o que una piedra en el universo, por lo que ahora ellas son libres de escoger su destino.

domingo, 14 de agosto de 2011

Mi amigo Florencio

Mi amigo Florencio

Hola me llamo Mateo y les platicare de mi amigo Florencio, me aterra no poder saludarlos como se debe, por lo que lo hare de todas las formas posibles, así cuando lean lo siguiente sea un saludo de acuerdo al tiempo y a su honor.

Hola buenos días, buenas tardes y/o buenas noches, mi nombre es Mateo y les hablare de mi amigo Florencio.

Yo Mateo, me gustan las cosas extrañas y olvidadas, por lo que recolecto chatarra, bueno yo les digo tesoros.

Pero chatarra se le conoce en mundo real, también soy ferviente devoto del transporte público, me gusta, suelo imitar las caras de las personas.

En la mañana soy estudiante, trabajador, chofer, hombre de oficina, madre preocupada por la entrada de la escuela de sus niños, enamorado, triste o melancólico.

Soy lo que la gente sienta en ese momento, ya por la tarde soy responsable, durmiente, soñador, cansado, ilusionado y olvidado por el tiempo.

La tarde y la mañana son una interminable semblanza de la vida misma.

Esa mañana me encontré a Florencio, no distinguí su cara, por lo que tuve que acercarme, le dije: Me llamo Mateo ¿y tú?

Florencio mucho gusto, de allí empezó una amistad, le conté lo que me gustaba hacer cuando voy en transporte público, mi comida favorita, mis deseos, lo que soy y lo que dejado de ser.

El me conto, toda su vida, por tal motivo que cuando se acercaba la parada por ende la separación nadie de los dos se quiso ir, por lo que decidimos mediante la suerte mágica de un bolado, decidir a qué lugar de vida iremos.

A la de Mateo o a la de Florencio.

Gane yo…

Lo lleve a donde trabajo, le enseñe que me gusta mi trabajo, tengo la libertad de hacer lo que quisiera, le enseñe las instalaciones, lo que en algún momento será una meta hecha realidad.

El me inspiraba tal confianza que no dude en decirle todo lo que soy.

Me sentía tan contento.

Pero lamentablemente se acercaba las 5 entonces cerrarían las oficinas y alejarme de mi amigo para siempre.

Tomamos el transporte que nos llevaría a la terrible despedida.

Llegamos a las oficinas.

Con la ausencia de valor que me caracteriza dije: disculpe señorita, me encontré una tarjeta pre pagada de transporte con el nombre de Florencio.

La señorita con la indiferencia que caracteriza al gobierno, me menciono tá bien.

No se dijo más.

Yo partí solo, triste y mi amigo Florencio pegado en el vidrio de extravíos.