miércoles, 29 de junio de 2011

Caminos de Alambre

Caminos de alambre


A mi abuelo



A la edad de ocho años, solo esperaba que llegara la 1:30 pm. Para salir de la primaria, correr el camino inmenso, donde en la esquina se encontraba la casa donde se comentaba que había fantasmas, un cuidador loco, una bruja encadenada.

Yo cruzaba todo el pueblo sin importar que llevara mi propio peso en libros, libretas, juego de geometría y colores.

Conocía de memoria el ritual.

Tenía que tocar en la puerta de mi tío y enseguida tocar la puerta de la casa siguiente que correspondía a mi tía, esperar un momento y repetir hasta que uno de mis tíos saliera.

Cruzar el patio donde se realizaban juegos míticos ya sea de fut bol, fut beis, el bote pateado, tardes dignas del recuerdo.

Al final del pasillo con paredes de tierra y piedras de mar, se encontraba el lugar donde se resguardaba mi abuelo, de las inclemencias del tiempo, de la mirada de los transeúntes, de la televisión y del recuerdo.

A finales de la década de 1980 el recuerdo fue consumiendo a mi abuelo hasta que lo dejo ciego o no, podía distinguir el rojo y el verde manzana.

Por lo tanto nunca pudo verme.

Cuando estaba frente a él me decía: “ya te conté la historia” contaba historias de sus viajes a Monterrey, Guadalajara y muchos otros estados del país.

Mi abuelo conoció a un hombre de siete metros que se dedicaba anunciar productos en la cuidad, a una mujer cuyo brazo se podría extender hasta el cielo y un hombre que jamás se le olvido nada, absolutamente nada.

Cuando la historia del día había terminado, comenzaba la música del pueblo, la música del siglo, la música que he olvidado que ya no distingo.

Sacaba un metal brillante, lo colocaba cerca de la boca y repetía los hits de las radio estaciones, donde los reproducía de tal manera que no decíamos nada para no interrumpirlo.

Así fue mi infancia entre música e historias, mi abuelo conocía todos los programas del radio, conocía quien gano los 64ooo, quien fue tal personaje de la historia de nuestro estado o del país.

Podía distinguir un do de un re, si estabas desafinado, si hablabas con claridad, si eras un Imaginante.

Pero el silencio lo consumió…

Se la pasaba en las esquinas, sentado, escuchando su radio, solo terriblemente solo.

Cuando la obligación lo demandaba tenía que acudir a la cocina, al zaguán, a las visitas.

Ideo unos caminos de alambre para poder transitar libremente, para no pedir ayuda para no ser una carga.

Los alambres se podían observar en toda la casa, iban de un lugar a otro, con una palanquita de hierro, con la cual él podía sujetarse para guiarse entre la indiferencia de los demás, entre su ceguera.

Así pasaron los años…

Hasta que lo consumió la enfermedad, ya era tiempo, mi abuela se había adelantado unos meses atrás, era tiempo que él se fuera.

Que se fuera su música y sus historias, para que solo quedaran sus caminos de alambre.

Solo eso, porque ahora conozco que el metal brillante se llama armónica y hoy la vi destrozada en la casa de una tía y tiempo atrás su radio.

Ya no queda nada de su casa, ahora ya viven otras personas, la nueva casa de mis abuelos es más pequeña y no me causa tanto asombro.

Tal vez eso sea el motivo que no le lleve flores, que no los valla a visitar, que no les llore, que no los mencione.

Pero no me gustan las visitas forzadas, las visitas de fechas importantes, los quise en su tiempo, te quise en tu tiempo.

No soy como su familia, que les llora, que les cuida su nueva casa, tal vez cuando mencione esto seré olvidado por ellos, me convertiré en el recuerdo.

Nunca escuche a mi abuelo hablar de tristeza, esa sé la guardaba en el sombrero, nunca supe porque mi abuela siempre olía a rosas a vida.

Pero al final herede, el silencio, la indiferencia, ahora me cubro como antes y como siempre me resguardo, de las inclemencias del tiempo, de la mirada de los transeúntes, de la televisión y del recuerdo.


Pero nunca del amor.

sábado, 18 de junio de 2011

Persona

Me dueles muy temprano por la mañana, al medio día, por la tarde y las noches infinitas.



¿Quién ha de vivir con tu nombre en los labios todo el día?


¿Quién ha de tener la necesidad de que exista un dios, para pedirle por ti?


¿Quién más? que un enamorado. Un enamorado de ti.


Ya no me dueles en el recuerdo, en el día a día.


Ya no te encuentras en mi cabeza, dando vueltas, que si vas, que si regresas...


Ahora me dueles en el corazón


Y no el imaginario sino el real.


Ayer fui con el cardiólogo, me hizo estudios y análisis sin fin.


Afirmo: Usted está enfermo del corazón.


Presentaba los síntomas: dolor de cabeza, dolor en el pecho, pérdida de condición física, adormecimiento de extremidades e insomnio.


Por lo tanto, ya no podré perseguirte por las calles.


Ir a tu casa de día o de noche.


Y no soy poeta, porque si lo fuera, utilizaría mi pluma, mis escritos, instructivos para sacarme el corazón.


Depositarlo donde no lo viera.


Lo remplazaría con poemas de amor, besos y recuerdos tuyos.


Pero soy persona no poeta.


Y como persona tomo medicamentos 2 veces al día, una pastilla azul y otra verde.


Voy a rehabilitación.


Y posiblemente necesite una operación.


Al final soy una persona que decidió ser enamorado.


Ese es mi estatus


Esa mi condición


Y realmente eso mi orgullo.

lunes, 13 de junio de 2011

Lunes

Hoy desperté triste entonces fui y me corte el pelo...

Esperaba que con este acto, te fueras.

Que ya no existieras, que como programa de televisión,

Dejaras de vivir al momento de cambiar el canal.

Pero no fue así.

Por lo tanto me recete, soledad, cursos de cocina y jardinería.



Hoy desperté triste entonces fui y me corte el pelo

Compre chocolates de colores

Fui a misa de 2 pm.

Comí nieve de fresa en el parque.

Leí el periódico

Alimente a las palomas

Escribí una cosita, para recordar,

Estaba hecho de un lápiz y un poquito de nostalgia

Tenía un color verde manzana que tanto me gusta.

Toque blackbird, una cosita inventada la noche anterior

Y me di cuenta, que no imagino, vivo, respiro y describo

Que: Hoy desperté triste entonces fui y me corte el pelo.

domingo, 12 de junio de 2011

EXTRANJERO

Extranjero

A lo igual que tu soy extranjero…

Soy extranjero en el hogar, en el trabajo, la escuela, como extranjero ya camino solo, me asombra la cuidad, miro la cuidad como se ve sin ti.
Me distraigo con comida típica de la región, tal vez agua fresca, o un helado, algo dulce algo que me quite lo amargo.
Como extranjero me pierdo, la señalética me confunde, o tal vez finjo que me pierda, para pasar más tiempo por la cuidad, para dar opción a que la estadística haga su tarea, que me llegue a cruzar contigo.
En un principio me creí haber muerto, estar enterrado donde mis abuelos descansan, pero los muertos no escuchan los recuerdos, por eso ellos son felices, viven el momento, se levantan por las noches a bailar, a reírse.
Entonces un sueño…

Pero la idea se descartó al instante, tengo una vida en colores tornasol, que imposible que sea un sueño.
Entonces un extranjero soy.
No voy a domingo a misa, no voy a buscar el perdón, que mis viejos, que los viejos buscan con desesperación, sabiendo que ya respiran a muerte.
Pero desconocen que todos respiramos a muerte, a amor y que suspiramos vida…

Cuidad,no conozco las habilidades de tu gente, su forma de comer, sus frases que me matan,la forma de relacionarse y me dicen que no es cierto. 
Cuando te digo mujer.
Que si te quiero…