¿Cómo pudiste hacerlo? No seas pendejo Roberto,
no mames, no seas cabron. Pinche Roberto, en verdad eres bien wey. No te quedes
callado pinche Roberto, háblame, o que el pinche ratón te comió la lengua.
Explícame
por qué hiciste, lo que hiciste, ¿acaso ya no piensas en nosotros? Si es así,
al menos piensa en ti cabron.
¿Qué son
las maldiciones, palabrotas y las malas palabras?
La discriminación
en una de sus múltiples representaciones, la carga simbólica a pequeñas
palabras que no hacen otra cosa más que digerir la vida, más entendible, menos
recta, menos injusta.
Palabrotas
nos sirven de alivio, cuando nuestro vocabulario no da para más, nos ayudan con
dolores del alma y del cuerpo. (No mames me di un putazo)
Sin embargo
también lastiman, destruyen una realidad simple y estática, las recordamos en
nuestras penas y cuando la cosa se ha puesto seria, Cuando estamos en el minuto
90 y nos falta un gol para ganar de local o el maestro vio tu cara y te dice “apenas
pasaste” y por dentro te sabes que ya chingaste.
Ahora unos
simples ejemplos:
1:
¿Cómo pudiste hacerlo? No seas pendejo Roberto,
no mames, no seas cabron. Pinche Roberto, en verdad eres bien wey. No te quedes
callado pinche Roberto, háblame, o que el pinche ratón te comió la lengua.
Explícame
por qué hiciste, lo que hiciste, ¿acaso ya no piensas en nosotros? Si es así,
al menos piensa en ti cabron…
Hijo, en salón
de clases no se pelea. Bueno te hablaba por eso, deja regreso a trabajar y ya
en la noche platicamos.
2:
¿Cómo pudiste hacerlo? No seas pendejo Roberto,
no mames, no seas cabron. Pinche Roberto, en verdad eres bien wey. No te quedes
callado pinche Roberto, háblame, o que el pinche ratón te comió la lengua.
Explícame
por qué hiciste, lo que hiciste, ¿acaso ya no piensas en nosotros? Si es así,
al menos piensa en ti cabron…
El pinche
alcohol no te deja nada y ni siquiera me
busques porque yo ya no regreso a ese infierno.
3:
¿Cómo pudiste hacerlo? No seas pendejo Roberto,
no mames, no seas cabron. Pinche Roberto, en verdad eres bien wey. No te quedes
callado pinche Roberto, háblame, o que el pinche ratón te comió la lengua.
Explícame
por qué hiciste, lo que hiciste, ¿acaso ya no piensas en nosotros? Si es así,
al menos piensa en ti cabron…
Por qué igual
que tú. La enfermedad también me daña y sabemos que estamos muriendo. Si tú ya
no quieres, está bien.
La literatura
de las malas palabras, de las palabrotas o de las maldiciones, está plagada de
un laberinto indescifrable, universal.
Que este
simple ejercicio no hace otra cosa que tratar de dejar un hilo o migajas de pan
para ser encontrados, para ser resueltos.