Aprendiz
Domingo por la mañana, me instruía en el bello arte de la magia, por el simple hecho de hacer aparecer mi zahir, llenarme de energía de él, saber que habrá días en los que no estará, pero con la magia, en esos días podre tener su olor, y saber que, como extraño oler a él.
Utilizábamos, polvos de filosofía, unos pedacitos de luna, cuentos de monterroso, plagados de dinosaurios, el hacedor, donde recordaríamos que en las primeras páginas el olvidó, nunca aparecerá.
Caleidoscopios, que en teoría son mándalas infinitos. Sueños, noches que han de pasar como instantes y en tu ausencia, interminables. Como los viajes del quijote, Hamlet, y si fuéramos más terrenales, inconsciente.
Frasquitos llenos de corazones, dos onzas de alegría, tres pizcas de esperanza, una que otra opereta, una pequeña instrumentación de mahler, un pequeño ejercicio de Chopin.
Dos o tres discursos de agradecimientos, una novela completa, 11 cositas inventadas, un toque de tristeza, cuatro guitarras, un tecladito, una melódica, dos armónicas, dos manos que no han sabido utilizar el arte de la música.
Todo eso y más, lo juntaríamos, mezclarlo al punto que todo parezca uniforme, de un color de tecnicolor, para mi seria el color verde manzana y cuando lo haya lograrlo, ponerlo al sol, esperar por 15 minutos a que se seque.
Esperar junto a la mezcla, por si acaso, se necesita un retoque, un apoyo, una disolución, una maldición.
Cuando hayan pasado los 15 minutos, ver como se transforma, como la magia aparece ante tus ojos y te maravillara, como niño, cuando a esperar su turno para lanzar el trompo.
Seguí el procedimiento al pie de la letra, no me fallo nada, lo había escrito tal como mi maestro, el único y verdadero mago de esta historia.
Pasaron 20 minutos, 1 hora, 2 horas, no pasaba nada, la mezcla de color verde manzana, seguía ahí postrada, con una indiferencia total, que solo las cosas inanimadas pueden dar.
A las 4 horas, mi maestro se acercó, me miro, vio mi cara de una profunda tristeza, se sentó junto a mí, lo primero de lo que hablo, fue del clima, de lo que había comido, al ver que mi tristeza que se desbordaba mediante lágrimas, me dijo:
¿Crees en la evolución? Le respondí que sí, entonces sabrás de dónde venimos, le conteste, pero por supuesto, los hombre venimos de mono.
Él se rio, y vio al cielo, sabrás de donde viene las mujeres.
Yo rápido conteste, también del mono, él se volvió a reír…
En un instante cambio su aspecto, se puso nostálgico, me ordeno que viera el cielo, sabes por qué tu magia no funciono, para traer al zahir.
Las mujeres, no vienen del mono ni en términos de esperanza del barro.
Las mujeres vienen del cielo, ellas son estrellas, y tu zahir es una estrella, la más bella y para traer, solo se requiere amor. Así que ve el cielo hasta perderte, vive enamorado, allí la encontraras.
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