A: Jelipe
“Para que nunca dejen de espantarla”
Soy de los que tienen un temor que asusta, no puedo asistir al cine a ver una película de terror, me resigno a dormir con la luz prendida, tengo un temor escalofriante a mirar debajo de la cama de noche.
Tengo miedo a los payasos, a cualquier tipo de alimento que se denomine “lonche”, me da miedo que invadan mi espacio vital o me brinden un saludo de beso, temo y huyo de las fotos.
Temo a la lactosa, pero un comentario a mi favor, el temor fue recetado por el médico.
Ese soy yo: Toño
Mejor conocido como el niño-hombre raro, mi etiqueta no me molesta, nunca me ha interesado la fama.
Cuando decidí vivir solo, o mejor dicho cuando abandone mi vida pasada.
Encontré una casa afueras de la cuidad, donde no hay pavimentación, donde pasan los transportes de carga pesada, donde sirve una lámpara y dos no, donde llueve y esa lluvia nos acompaña una semana, como ferviente admiradora de la pobreza.
Pero hay de casas pobres a pobres y de esas pobres están las que asustan, a mi me toco una de ellas.
Casa de 54 metros cuadrados, un baño, una sala-comedor-cocina y una recamara.
A mí me pareció un lugar agradable, solo cuento con mi soledad y yo, por lo que 54 metros me parecen un lugar donde podemos estar bien.
La primera noche, se cayó la sal, la segunda se prendió la luz y la tercera prepare una cena.
Todo el tercer día, me pregunte ¿ya habrá comido el señor fantasma? ¿Tendrá sed?
Por lo que prepare cena para dos, un buen tarro de agua, una pieza de pan, una servilleta y el periódico de la mañana.
Me senté como acostumbro, me felicite por la comida y me agradecí como se debe.
Espere por si decidía el señor fantasma aparecer, pero no fue así.
A la noche siguiente decidí preparar otra cena especial, pero tampoco apareció.
Así paso un tiempo, ¿ustedes se preguntaran? ¿Es pobre y hace comida para dos? ¿Qué pasa con esa comida?
Pues bien, la comida que no se utiliza, me la desayuno o me la como el día siguiente.
Que me llevo a tener una casa afueras de la cuidad, donde mi único sustento es una pequeña columna en el periódico local en la sección de sociales.
Antes comentaba que la vida, pero ahora puedo decir que yo fui el único victorioso en formar lo que ahora tengo.
Un trabajo que no llamo trabajo, una casa que ahora llamo hogar y un señor fantasma que no aparece.
El día 27 del mes, como siempre comida para dos, agradecimiento y esperar a que decidiera aparecer el señor fantasma y así fue.
El señor fantasma comento: Disculpe que no haya aparecido en este tiempo, pero tengo mucho tiempo que no hablo con personas, que no supe como iniciar, tuve tanta pena que me hizo esconderme.
Pero ahora al ver que sigues poniendo dos platos, ya no pude.
Discúlpame mucho, en verdad, pero sabes hoy te traje algo.
Era una carta, que el señor fantasma había guardado desde hace mucho pero muchos años.
Estaba dirigida a valentina.
Que tal vez si mi pena no es lo suficientemente alta, les contare en otra ocasión.
Toño y su aventura: Carta a Valentina.
Así fue como, en la casa pobre entre las pobres y además de pobre, maldita.
Existieron un hombre llamado Toño, un fantasma y su soledad.
Y lamento decirles que no vivieron felices para siempre, eso no existe, ellos vivieron y vivieron lo mejor que pudieron.
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