miércoles, 21 de noviembre de 2012

Chingate Roberto



¿Cómo pudiste hacerlo? No seas pendejo Roberto, no mames, no seas cabron. Pinche Roberto, en verdad eres bien wey. No te quedes callado pinche Roberto, háblame, o que el pinche ratón te comió la lengua.
Explícame por qué hiciste, lo que hiciste, ¿acaso ya no piensas en nosotros? Si es así, al menos piensa en ti cabron.
¿Qué son las maldiciones, palabrotas y las malas palabras?
La discriminación en una de sus múltiples representaciones, la carga simbólica a pequeñas palabras que no hacen otra cosa más que digerir la vida, más entendible, menos recta, menos injusta.
Palabrotas nos sirven de alivio, cuando nuestro vocabulario no da para más, nos ayudan con dolores del alma y del cuerpo. (No mames me di un putazo)
Sin embargo también lastiman, destruyen una realidad simple y estática, las recordamos en nuestras penas y cuando la cosa se ha puesto seria, Cuando estamos en el minuto 90 y nos falta un gol para ganar de local o el maestro vio tu cara y te dice “apenas pasaste” y por dentro te sabes que ya chingaste.
Ahora unos simples ejemplos:
1:
¿Cómo pudiste hacerlo? No seas pendejo Roberto, no mames, no seas cabron. Pinche Roberto, en verdad eres bien wey. No te quedes callado pinche Roberto, háblame, o que el pinche ratón te comió la lengua.
Explícame por qué hiciste, lo que hiciste, ¿acaso ya no piensas en nosotros? Si es así, al menos piensa en ti cabron…
Hijo, en salón de clases no se pelea. Bueno te hablaba por eso, deja regreso a trabajar y ya en la noche platicamos.


2:
¿Cómo pudiste hacerlo? No seas pendejo Roberto, no mames, no seas cabron. Pinche Roberto, en verdad eres bien wey. No te quedes callado pinche Roberto, háblame, o que el pinche ratón te comió la lengua.
Explícame por qué hiciste, lo que hiciste, ¿acaso ya no piensas en nosotros? Si es así, al menos piensa en ti cabron…
El pinche alcohol no te deja nada y ni  siquiera me busques porque yo ya no regreso a ese infierno.

3:
¿Cómo pudiste hacerlo? No seas pendejo Roberto, no mames, no seas cabron. Pinche Roberto, en verdad eres bien wey. No te quedes callado pinche Roberto, háblame, o que el pinche ratón te comió la lengua.
Explícame por qué hiciste, lo que hiciste, ¿acaso ya no piensas en nosotros? Si es así, al menos piensa en ti cabron…
Por qué igual que tú. La enfermedad también me daña y sabemos que estamos muriendo. Si tú ya no quieres, está bien.
La literatura de las malas palabras, de las palabrotas o de las maldiciones, está plagada de un laberinto indescifrable, universal.
Que este simple ejercicio no hace otra cosa que tratar de dejar un hilo o migajas de pan para ser encontrados, para ser resueltos.

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