viernes, 31 de diciembre de 2010

Artefactos




El tiempo ha marcado la historia, la ha categorizado, la ha empleado, para decidir lo que se debe de recordar y cuando se ha de recordar.
Empleaba todo mi espacio en medir mi tiempo, utilizaba varios artefactos. Para saber el tiempo exacto.

No soportaba la idea de no poder saber la hora, no tenía razones especiales, solo me gustaba mirar y saber el tiempo, solo era eso.
Me sentía como niño, que siempre quiso saber el tiempo exacto y ahora que podía, lo hacía cuantas veces quisiera.

Miraba mis artefactos con gran alegría, hubo días enteros de intensos debates, en los que se discutía el por qué las horas se miden en 60 minutos y no en 100, como todo lo que yo conozco.

Para mí era muy complicado distinguir esos dilemas, como saber que existían los segundos y los minutos y todos en 60.

A veces solo me sentaba frente a los artefactos y los observaba, procuraba no hacer ruido, para no distraer a los artefactos con sus cuentas para lograr el tiempo exacto.
Recuerdo que solo una vez, me atreví, a abrir un artefacto, fui algo muy sorprendente, eran tantas piezas, un infinito por así decirlo, un infinito de tiempo y de mundos.

Lo cerré de inmediato. Para no interrumpir su grandiosa labor.
De un periodo a la fecha he decidido, no saber del tiempo, no saber su hora exacta, si es de día o de noche.
Decidí vivir, recoger mis partecitas y solo vivir.
Dividirlo en dos, con ella y sin ella.
Solo eso.


Pero no he olvidado que desde niño siempre he considerado los artefactos llamados relojes como seres con vida, y como tales, se cansan, se ponen tristes, se ponen contentos.

Y algunos días me dispongo apagarlos, para que descansen de medir el infinito, en otros días solo los dejo que den la hora que gusten, que quieran, para ellos también puedan vivir, como yo lo hecho y no depender del tiempo.

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